Thursday, August 24, 2006


Cuando sea viejo y sabio


Por Marquioni

Volví a ver a Sancho un cierto día de invierno, cuando divagando por la plaza del pueblo, divisé su silueta bajo los melancólicos pastos de un jardín estrellado. Acercando sus pensamientos a los míos, comprendí en instantes lo mucho que nuestras vidas se habían dividido y que los caminos que entonces solíamos recorrer hoy no eran los mismos. Sancho hoy comía ratas como parte de un espectáculo callejero con el cual sustentaba su existencia en base a las poéticas propinas de los hombres. Intentando entender sus palabras, la tertulia se prolongó en base a nuestros espíritus hoy alterados en forma y sustancia:

-No logro comprender la necesidad de esto Sancho, ¿por qué no buscas un empleo distinto o montas otro espectáculo?

Sancho sonreía, su mirada bailando sobre un horizonte distante, añorando un recuerdo perdido en lágrimas y sentimientos teñidos de esperanza. Recordaba entonces lo complejo de su mente, los días cuando en la Facultad discutíamos con vehemencia el sentido real de las cosas, interpretando lo que para los demás era axioma como obscura hipótesis alquimista. Los sonidos de los árboles hablaban un lenguaje extraño a mi viejo amigo, su conocimiento fuera del alcance de mis percepciones comunes.

- ¿Qué destino tiene tu vida fuera del círculo de inercia animal en que vives y respiras Bob?

- Bueno, este..no quiero ser pobre, tengo un empleo...una esposa y familia, quiero tener una casa y cosas y dejarlas a mis hijos cuando muera, envejecer junto a ellos...tengo mi religión...yo...

Dejé de hablar, y con Sancho caminamos por las calles del mundo hacia las extrañas playas ecuatorianas de la ciudad, como en aquellos primeros días de juventud en que nuestra construcción de un sistema de sociedad horizontal parecía una realidad utópica y universal.

- El tiempo fluye como un río hacia mí Bob, me esta llamando. ¿Quién sabe si nos volveremos a encontrar nuevamente, tal vez jamás?

Las parábolas de Sancho más que un misterio eran versos de una canción escrita sobre un viejo cuaderno de ciencia y filosofía, de la cual no puedo hoy recordar ni su nombre. Mi amigo me enseñó el secreto de las ratas y su relación con el libro IV de la Metafísica aristotélica, la enigmática frase dicontaset, y la teoría del eterno retorno. Fue así como descansando sobre las tierras blandas, mientras mascaba un dócil roedor negro colilargo sin saber realmente por qué, Sancho se adentró en el mar, sus largas barbas amarillentas topando sus harapos de sabiduría sobre el agua cochayuyeana.

- ¡Sancho! ¡¿Pero qué haces hombre?!

- Tranquilo Bob, sólo me lavo los dientes un poco con esta pasta que encontré.

Sonriendo, Sancho me exhibió con inocencia un tubo relleno con gelatina de pulgas de mar. Eructé en carcajadas, expulsando el ratón destripado sobre las tibias arenas nocturnas. Nos reímos por horas como retardados, vestidos con tapabarros, gesticulando obscenidades y saltando como simios mientras alzábamos antorchas de calcetines quemados sobre nuestras cabezas. Más allá del cielo plutoniano, comprendí que había abandonado el mundo convencional terrestre para formar un puente entre el hombre y los astros, ahora expresados en un código de civilización redactado por el jurista Sancho. Ante esta realización, abdiqué formalmente de mi vida pasada, abandonando al viento toda posesión material y atadura con el pacto social celebrado anteriormente, uniéndome a Sancho y las ratas en la búsqueda de una trascendencia individual a lo colectivo de mi mismo.
Nos reunimos en asamblea constituyente un frío atardecer de agosto para votar nuestra Carta Magna, siendo aprobada en el acto con votos míos y de Sancho, y sólo una abstención por parte de la rata destripada. Celebramos el éxito de la gran votación del proyecto, y comenzamos de inmediato a discutir el alcance y sentido de sus normas. Si la historia la escriben los hombres, pues los versos del alma individual pertenecían a mis pensamientos, y sus palabras, eternas e indelebles, sembrarían los paisajes de nuestras huellas.

Así obrando, sentado sobre la playa de mi destino, procedí a dormir. En mis sueños, divisé a Sancho esclavo de una existencia común, oficiando de banquero en una decadente sucursal financiera, prisionero de vínculos temporales, atendiendo asuntos cuyos efectos y causas se radicaban en un conjunto limitado de relaciones humanas. La tristeza infinita de mi amigo no se denotaba en su rostro y las justificaciones y búsqueda de sentido de sus acciones radicaban en la inercia del no cuestionamiento, costumbres, condicionamientos e imitación de patrones predispuestos. Dentro de la irracional lógica de los sueños, todo poseía una coherencia interna que a pesar de la falacia onírica, repugnaba contra cualquier designio e ideal de nobleza o corrección. El amanecer me sorprendió con el recuerdo de que ese hombre era nada menos que yo mismo.

Al despertar, observé con asombro la madrugada de un meditativo Sancho sentado estoico frente al espumar de las olas. Fue entonces que las sirenas tardaron en penetrar nuestros oídos, y mientras los oficiales de la policía nos arrastraban con violencia y oposición hacia un destino de inseguridades, pensé en todos los poemas y canciones de mi juventud, y la destrucción de mis sueños como irrelevantes flores en un invierno de primaveras longevas.

Fuimos encarcelados con precisión y brevedad, y liberados bajo palabra ante el juez humano. Sancho partió junto a sus animales y ponderaciones por caminos desconocidos. Mi familia concurrió a mi salida, mis hijos y mujer exigiendo explicaciones de mi insólito comportamiento. Mis empleadores me habían desvinculado de mis actividades remuneradas y los facultativos médicos sugerían mi internación de por vida en una institución mental. Sería declarado interdicto y privado de todos mis negocios y bienes, los cuales pasarían a ser administrados por un representante o curador, cargo que naturalmente ocuparía mi mujer.

Comprendí entonces que si bien había legalizado mi escape de la aplicación personal de los preceptos de la sociedad civil, sus reguladores impondrían la coerción sobre mi albedrío y mi cuerpo, destinándome a las ordenes del titiritero de turno. Acepté los términos, con las reservas conferidas por mi condición de rebelde social y pensador utópico, las cuales hice presente al enfermero ministerial mientras me blindaba con la camisa de fuerza institucional del nosocomio local.

Hoy, si bien permanezco inmóvil entre inmundas paredes de colchón blanco, amarradas mis extremidades con cadenas a un lecho de parásitos, placas de suave metal insertadas en mi aparato bucal, me siento más pleno de proyectos y libre de ligazones de lo que jamás fui durante mi pasar por aquel planeta denominado tierra. Y si bien conozco que prontamente las luces de mi mente se extinguirán bajo el fulgor de una electricidad constante, el espíritu de paridad en mi alma buscará la amplitud dondequiera que se halle el destello de un hombre obeso posicionado en tabarros a modo de pájaro sobre un árbol, nadando sobre un océano de infertilidad e incomprensión, sin miedo a crear un mañana cósmico y valiente, como un sueño de niño que se repite en mis entrañas de banquero oxidado, por un mundo sin penas ni razón. Este es mi herencia y mi legado hacia ti: dicontaset. Aprovechadlo bien.

12 comments:

Anonymous said...

Leí el cuento y tengo una pregunta. De donde sacaste la palabra
Dicontaset, Acaso te la inventaste? Busque en un diccionario griego antiguo y moderno y no la encontré. También busqué en el libro de Metafísica de Aristóteles, la copia en griego antiguo se puede encontrar en http://www.perseus.tufts.edu/ , y tampoco aparece. Siendo que la frase dicontaset„ es un tema central de tu historia, hubiera sido más entretenido que realmente significara algo.
Sobre la historia en general, creo que como siempre tus metáforas y
descripciones de la realidad son realmente novedosas y entretenidas,
aunque tal vez sobrecargues el uso de adjetivos contrapuestos. Me parece también que el tema es bastante similar al de tu anterior cuento del abogado. Supongo que la lucha en contra de una vida servil y estéril siempre será de importancia, pero me hubiera gustado que te expandieras en diferentes direcciones.

Anonymous said...

Es interesante. Críticas destructivas casi no tengo. Tal vez sería conveniente tener más cuidado con la redacción, según mi parecer, del texto se desprende que escribe un abogado. No sé si alguien más te dice lo mismo.

Anonymous said...

Me pareció una historia sobre un clásico esquizofrénico, que claramente tiene algunos conocimientos sobre derecho...Quien sabe cual es la verdadera realidad?

Anonymous said...

Marquito tu forma de escribir cada vez conmueve más. Felicidades amigo, tu trabajo tiene un sello que te identifica, grande Marco!!!

RK said...

Muy bacán su cuento don Marquioni, me hizo reir harto. Respecto al tema de la enigmática frase o palabra "dicontaset", no me parece relevante su significado exacto, puesto que está incorporada a un universo (que en este caso es el cuento de que tratamos) que ha sido inventado por un álguien (obiamente el autor). Por lo tanto dicontaset como el cuento en el que existe, han salido de la imaginación del autor. Tal vez debamos dirigir la pregunta al "narrador", y en ese caso preguntarnos, a nosotros mismos, un vez leido el cuento, cuál es para uno el significado de dicontaset.

Anonymous said...

marco, por que tanta depresión, existe en el mercado un producto llamado prozac, no se como será, pero con mucha seguridad es mejor que tu cuento, amigo la inspiración llega es misteriosa, mágica y todas las demás estupideces que se quieran decir, pero lo demás es trabajo, borges decía que el no controlaba el principio y el final de un cuento, le era dado, pero en el medio se desfiguraba tratando de darle sentido a la historia, cosa que en el tuyo, hecho de menos, amigo estas contaminado por el maldito comunista y anarquista exquizofrenico llamado sabato, si quieres emular a el informe sobre ciegos, te dire que es insuperable porque es una basura, cuyo unico merito es describir presisamente como funciona una mente perturbada, ahora sobre el transfondo del cuento yo soy de la idea que en arte el fondo y la forma se confunden y siendo una obra estetica donde lo fundamental es la belleza, cosa que dependiendo del arte que se trata difiere, no es lo mismo pintar un cuadro que escribir un libro, de hecho lo unico en comun que tienen ambos artifices es que son artistas pero tan dicimiles como un medico o un abogado que lo unico que tienen en comun es que son profesionales, por eso en mi concepto la belleza en literatura consiste en el agrado, la naturalidad, la facilidad en que la mente del lector transcurre a travez de la palabras, sin ninguna complicacion dado claro esta, cierto nivel cultural, por ejemplo borges es simple de leer si se tienen ciertas referencias filosoficas, y si no se buscan lo cual es engorroso pero luego de encontrarlas, repito leer sus cuentos en como deslizarse sobre una pendiente en bicicleta, en tu cuento parece que tuviera que subir por una escalera de caracol en silla de ruedas, ( estoy exagerando, pero es una siniestra analogia, que me hace gracia)luego de esta disgresion, retomo el tema estetico, para mi lo mas importante en un cuento es que ilumine algo o lo oscuresca en ambos casos creando una extraña y hermosa sensacion, yo no soy de los que crea que haya que perturbar a la gente, el mejor caso de un buen cuentista que me dejo ese sabor de boca fue poul bowles que recomiendo mucho , ademas supe con posterioridad que fue el primer traductor al ingles de borges, osea es uno de mis camaradas, sin animo de deprimirte sino señalando que a tus cuentos le falta mas analisis que digan algo de verdad y no solo un maldito vomito de desadaptacion. tienes razon en la critica desmesurada, pero te doy datos de escritores consagrados precisamente por que veo un interes especial en ti en la literatura sino a que me envias cuentos. con respecto a tu relato lo que tengo dudas es la palabra griega que usas que no he buscado en internet, no se si sera un logos importante,o si es una frase para iniciados o solo una payasada. se despide silas.

Anonymous said...

Creo que lo que más me atrae de tu trabajo son las descripciones de situaciones y aún más de sensaciones. Tiene mayor vertiginosidad este relato que otros que leí anteriormente de ti. Es buena la idea de como se humaniza el personaje, la forma, más que el recurso en sí. Hay uso de calificativos y neologismos que son interesantes. Me parecen repetidas dos cosas: el recurrir a la imagen del hombre terminando sus días en un manicomio, con la antigua camisa de fuerza y las colchas sucias (lo habré leído más de 6 veces u 8 veces) y el uso del narrador en primera persona que, desde describir personajes externos, luego se transforman en el narrador o en humano.(recuerda que trabajé 2 años en una manicomio). Sugerencia: explorar en el narrador en tercera persona y en el narrador omnisciente. Describir distanciándose de los personajes, que nos hagas olvidar que hay un narrador demasiado presente

Anonymous said...

Por cierto, interesante cuento. Tienes ya tu estilo, el de la critica acida hacia las banalidades que ocupan nuestro quehacer. Es verdad, algunas veces hay que detener la pelota, mirar el campo de juego, y ver para donde vamos. Interesante momento para reflexionar, sin duda.

Un abrazo,
Boris

RK said...

Concuerdo con lo señalado por Silas. Pero me referiré a otro aspecto del relato, y es que encuentro un exeso de adjetivos. Sobre este punto recordar el Arte Poética de Huidobro, válido tanto para la poesía como para el cuento: el adjetivo cuando no da vida, mata. Y en esta ficción, el exeso es muy riesgoso.

Marquioni said...

Por favor lean el libro "Walden" o "A life in the pond" de Henry Thoreau, y entenderan el sentido de la existencia humana en su esencia pura.

luis.felipe.garcia said...

Yo no tendre, un amplio conocimiento de la literatura, ni como las distintas concepciones filosoficas trataran sobre el tema de la existencia del ser humano. Sin embargo, osaré en esto momentos a hacer un pequeño analisis, y hacer una traducción del cuento de mi estimado amigo Marco.
Como logré ver en otro comentario antes hecho, tiende a parecerse en el tema que tocan, al cuento del abogado. Esa aparente existencia de otro, que refleja lo que siempre quisimos hacer, pero que no fue porque nuestra sociedad lo impide, es el mero reflejo de lo encapsulado que se encuentra el ser humano, precisamente desde hace 1 siglo atras, porque por ultimo antes de eso, las distancias, la incomunicacion permitía hacer cosas que siempre quisiste hacer, pero en secreto, y nadie se daría xcuenta, y si bien puede que exista alguien en la actualidad que trate de hacer aquello, siempre vive con el miedo y la certeza de que algun dia su secreto será descubierto, y en la medida que la gente lo considere aborrecible, la valoración del ser humano desde el punto de vista social, disminuirá, pero como deja entrever este cuento, quien quiera hacer lo que desee, o quien finalmente ha descubierto tras la cortina cual era su verdadero destino, no considerará en nigun sentido lo que la gente cree, valora o piensa; y eso principalmente se debe a que la sociedad, para esconder las falencias propias del sistema en el que la sociedad vive, tiende a ver en menos a quien hace algo diferente, independientemente de que sea algo objetivamente bueno o mal, aunque a estas alturas, nadie sabe que es lo objetivo y lo justo, ese punto intermedio, que nuestra sociedad cree entender a cabalidad cual es, pero siendo una sociedad que permite su propia explotacion, aquel pensamiento no tiene la sufienciente validez...

Luis F.

Marquioni said...

Luis has comprendido el sentido de este humilde cuento. Solo aquel hombre que tenga la valentia de atreverse a cuestionar el sentido de su vida frente a su muerte inminente es realmente libre. El resto somos solo esclavos de la inercia existencial.